Curiosamente, se ha acrecentado el interés en mi por mirar al pasado. No sé si fue algún hechizo de aquel elfo o bien un deseo genuino por encontrar algo mas…
Me topo con estos pensamientos justo ahora, viendo en el cielo ya caída la noche, en medio de una calma por demás, envidiable. Mi pensamiento crítico que seguro es el que me ha sostenido en esta oficina aportando al menos algo útil surge y de forma clara por demás franca, se pone delante de mi y me recuerda con un tono de quien busca respuestas y me dice: en tu pasado has tenido experiencias que han sido duras. Cosas que en verdad te lastimaron, que te disminuyeron por un tiempo.
Un tercer personaje con una cara verde aunque a decir verdad sin forma, retomó de pronto aquella conversación y me dijo: En el pasado, has tenido que pagar, quizá, por las limitaciones y los errores de alguien mas… por sus limitaciones o sus incomprensibles acciones. Aún siendo tu quizá el mas inocente, tuviste que sufrir a causa de alguien mas. Y nadie jamás te preguntó al respecto ni tampoco, segura de ti misma estás, lo merecías… por qué querrías entonces volver al pasado…?
No pude sino permanecer callada, con mi mente en un estado de calma, como quien busca encontrar un argumento que pueda al menos explicarte ese deseo de demostrarte a ti misma que esta vez tu mente y aquel personaje verde no tienen razón y que ese sexto sentido que te acompaña está en lo cierto y te repite que volver al pasado, puede tener un valor inusual…
Seguía sobre mi misma un pasmoso silencio. Largo, grande, sincero… después de un largo tiempo encontré tan solo una respuesta y me dije: así como no somos merecedores de juzgar a otros, tampoco tu mereces juzgarte a ti misma…
Y al ente verde le dije: así como no tiene sentido alguno que tu perdones lo que le han hecho a alguien mas, de igual manera no tiene sentido que tu condenes por el dolor y el sufrimiento que no recibiste, porque aún sin poder explicartelo ni poder acaso explicarmelo a mi misma, todos esos agravios yo quiero perdonarlos…y dejar que mi corazón porte una bandera de esperanza, una bandera de promesa… y que sea porque sí, un portavoz de buenas intenciones, de una fé en la que siempre, yo lo sé, llevará algo mejor…
Es esa tu respuesta final? me pregunto el ente verde… y con gran convicción y paz le dije: sí, no solo es esta mi respuesta final sino que, es la única respuesta…
No tuve mas palabras…tan solo ese mudo silencio… esa lucha interrumpida… esa batalla no ganada sino, andada…
El extraño ser verde se desvaneció frente a mi y en cambio vi venir a aquel otro duende que ya me era familiar, al que me había acompañado en todo este camino… venía con sus pasos pequeños, daba tantos pasos y parecía que tardaba una eternidad en llegar…
El duende sin embargo parecía, haber estado en medio de esa lucha interior, de esa conversación todo este tiempo… cuando por fin llegó, me miró con una gran paz, ya ya estando a mi cerca pude verle con un gesto apretado…
Con un truco de magia el duende apareció un espejo brilloso ante mi, donde podía ver todo mi cuerpo con un tono azul brillante…
El personaje me miró a los ojos y me dijo con voz muy queda: “no tienes que seguir buscando mas, te has encontrado…” y el duende inexplicablemente cobró forma de un árbol con tallo blanco y ramas frondozas azules. Cuyas hojas cambian entre colores tenues y fuertes. ese árbol atípico que no da frutos, da bondades y que es, sin embargo, sumamente difícil encontrarlo.
De ese arbol que tenía entre mis ojos, aún salía aquella voz queda que me dijo: alguien ha hecho de ti, simplemente, lo mejor… no te alejes de ti misma… y sin mas, todas esas imágenes y sonidos, y ese pequeño duende, con una gran sonrisa, desapareció…
Cayó frente a mi un pequeño pergamino que decía: “Es de los momentos mas difíciles y de los mas felices de los que salimos ganando tanto. En medio de estos, nos conocemos mas plenamente…“
FIN